El abuelo

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 Narración de Gregorio García R.

Mi abuelo se llamaba Teofilo García y perteneció a esa generación sufridora que intentó y logró con todas sus fuerzas levantar una familia después del desastre de la revolución, y lo logró afortunadamente…

Por cuestiones del azar le tocó nacer en una hacienda, bajo el cobijo de sus padres y tíos paternos que eran todos administradores de haciendas, pero él, cuando yo lo conocí era un campesino de los muchos que había en Compostela, muy trabajador. Mi Jojo. Así le decíamos de cariño.
Su niñez fue difícil y aprendió la dureza de la vida, desde los diez años, a base de mucho trabajo como mozo en una de las haciendas donde su padre era administrador, allí no se andaban con consideraciones a pesar de su corta edad, para que realizara los trabajos que le encomendaban, ni porque fuera hijo del administrador.

Como muestra de su fuerte voluntad aprovechaba el tiempo libre para aprender a leer y escribir, y ser experto en aritmética razonada, y administración de haciendas y ranchos, bajo la atenta mirada de su hermana que no le permitía ni un solo error en sus estudios, en un acto de responsabilidad que eso podría darle de comer el resto de la vida.
Y así fue; Con el correr del tiempo, a los 27 años de edad era ya el administrador de la hacienda de Ayo el chico, Jalisco. La estadística de la provincia de Guadalajara que data de 1823, ya menciona a Ayo el Chico como ayuntamiento. En 1824, Ayo el Chico pertenece al departamento de Atotonilco; y en 1837 al distrito de la Barca, Jalisco.
En 1980 el presidente municipal, Sergio Lara, propuso el cambio de nombre de Ayo el chico, que en algún tiempo fue utilizado para diferenciarlo de Ayo el Grande, por el nombre de AYOTLAN (en aquel tiempo tenía una población de unos cinco mil habitantes) El 11 de Diciembre de 1980 se aprobó el cambio de nombre mediante el decreto número 103390 el cual fue publicado el 17 de Enero de 1981.

¿Dónde nació mi abuelo? Nunca me entere, pero tampoco lo pregunte a tiempo, posiblemente en alguna de las haciendas del Estado de México. Otro motivo que nunca supe el porque fue a parar mi abuelo hasta esta hacienda de Jalisco. Y aún más como o que motivo lo obligo a emigrar a Compostela y definitivamente aquí fincar su residencia con su esposa y su cuatro hijos, entre ellos mi padre que era el más pequeño de los García González……….¿Cosas de la revolución?....... ¡Sólo el supo el porque!
Todos conocíamos el carácter de mi abuelo, cuando algo no le gustaba, llamaba a las cosas como eran, y trataba de aclarar los sucesos que para él eran dudosos.
Tenía personalidad que mostró hasta en los últimos momentos de su vida. Sin embargo, mi Abuela, Estefanía González su esposa, con quien vivió por muchos años, lo conocía perfectamente, sabía cuando darle fin a las palabras, y mi abuelo callaba ante su mirada sosegada y firme.

Toda la vida los oí que se hablaban de USTED, había mucho respeto entre ellos, pero…dentro de ese respeto se decían bromas de ves en cuando. Mi abuelo fue una buena persona, con una facilidad admirable para hacer amigos, eso lo heredó mi padre Gregorio, toda su vida mi abuelo desde que yo lo conocí fue campesino. Gente de trabajo, gente honrada, sin vicios, nada que alguien pudiera reprocharle su comportamiento.
Don Teofilo no era de las personas que demostraban a sus nietos sus sentimientos y su amor, con besos y abrazos, pero si, de otras formas, Yo quise mucho a mi abuelo y donde quiera que te encuentres güelito, te mando un beso y un abrazo.
Convivía más tiempo con él, en las vacaciones largas de la escuela primaria, que coincidían con los duros trabajos del campo, sembraba en grandes cantidades maíz y fríjol garbanzo y arroz, en ocasiones lo acompañaba a sus tierras de cultivo, pero no en el plan de trabajo, hasta eso que era muy considerado conmigo por mi corta edad quizá, o recordaba que para el no hubo consideración en su niñez, en cuestiones de trabajo. Ya eran otros tiempos favorables para mi, si señor dijera aquel de la Isla.

Nos íbamos al campo, él y tres personas que eran sus peones, a caballo, y en una carreta tirada por dos bueyes conducida por don Emilio N, (hombre recio, ya mayor) llevaban los arreos, yugos, coyundas, rejas de los arados etc. Y ese era para mi el gusto de viajar en la carreta, acompañaba a mi abuelo por los surcos, por el campo, me enseño a distinguir el canto del gorrión y del cenzontle, a distinguir el perfume campesino del romero, del anís, del epazote silvestre, me explicaba el porque de los ríos y manantiales, a conocer las veredas y sendas de los coyotes, las madrigueras donde refugiaba su pavor el conejo.
Hacia el final del recorrido a pie por los campos, junto a la rivera de un arroyo, y a la sombra de un fresno muy grande, ahí era el lugar donde se reunían el y sus trabajadores para calentar el bastimento, ese era el momento tan inolvidable para mi, el ver que todos sacaban presurosos lo que llevaban de comer para compartirlo con gusto. Que cosas. Lejos de ese árbol frondoso, había una casita de varas con techo de zacate, donde se refugiaban de las fuertes lluvias de esos meses de junio y julio, el regreso al pueblo siempre solía ser entre las cinco y media y seis de la tarde, cuando daban por terminadas las labores de ese día, a veces con ese fresco después de una tarde lluviosa. Bonitos paisajes campiranos que no volverán.
Mis preguntas al abuelo. ¿Abuelo como le hace usted para que los surcos queden tan derechitos? Él me contestaba…Al rayar el primer surco, tienes que tomar algún punto de referencia allá a lo lejos, y seguir una línea imaginaria hasta llegar al final de la labor,…. después ya no tiene chiste, los bueyes mismos siguen por los surcos.
Mi Primo Manuel hijo de mi Tía Soledad, vivía con mis abuelitos ya que al nacer él, murió su mamá mi tía. (decían entonces; fulana murió de parto) era mayor que yo tres años, Manuel sabía muy bien sembrar el maíz, manejar la yunta de bueyes, y cosechar el maíz, el arroz, el garbanzo, y todas las labores rudas del campo. Terminó los estudios de la escuela primaria y ya no quiso seguir estudiando, por más que todos los familiares trataban de animarlo a seguir la secundaria en Tepic.

Luego continuare con los recuerdos de mi abuelo.

Siento mucho tu pérdida.
Sé que en estos momentos, ni lo ánimos ni las experiencias ajenas sirven de nada. Sólo procuro recordarlo con cariño, no con dolor, y haber tenido la gran suerte de estar con el en sus últimos momentos.