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Created on Saturday, 13 November 2010 04:44
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Published on Saturday, 13 November 2010 04:42
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Written by Hugo Rodriguez
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El Indio Mariano
"Máscara de Oro"
La rebelión de Tepic.
Juan Hilario Rubio era un indígena cacique de Tlaxcala(Barrio de Tlaxcala o Tlaxcalilla, estado de Jalisco) que se dedicaba al comercio y por ende asistía al puerto de San Blas a abastecerse de los bienes provenientes de California y las Filipinas, éste era un hombre importante y de recursos en la ciudad de Tepic, por otra parte el alcalde la ciudad José Desiderio Maldonado y su secretario el indígenas Juan Francisco Medina eran los líderes políticos de la ciudad y la región. La cual para la fecha tenía varias rebeliones pequeñas contra el control español de la zona, misma que había sido instaurada apenas unas décadas antes, ya que los indígenas huicholes, coras y otros habían, frustrado el deseo de conquista por parte de los españoles durante más de dos siglos.
En diciembre de 1820 aparecieron por la ciudad de Tepic varios manifiestos donde se invitaba a la población a unirse para coronar el 6 de enero de 1801 a Juan Hilario Rubio como Rey de Indias llamándolo Mariano Primero.
Pero la ceremonia de coronación se frustro, ya que las autoridades españolas de la zona pudieron reunir un contingente militar de 762 efectivos con 8 piezas de artillería, para lo cual recurrieron a laa Miliicia local y la guarnición del puerto de San Blas.
De esta inicial rebelión fueron varios los capturados por las fuerzas españolas y novo hispanas, en dos batallas realizadas el 5 y 6 de enero de 1821, en estas los rebeldes ofrecieron poca resistencia y parecía que había sido totalmente derrotada, pero en la semana siguiente se empezarón a ver grupos armados de indígenas que rondaban las poblaciones cercanas, por lo que los españoles se replegaron a la ciudad de Tepic.
Se supuso por rumores que los rebeldes contaban con 5000 indígenas raramuris y entre 6000 y 7000 indígenas yumas que provenían del cauce del río Colorado.
Esta rebelión alarmó a los funcionarios virreinales en la Ciudad de México, ya que al estar españa en guerra con el Reino Unido de la Gran Bretaña poco podían para auxiliarlos y mas cuando se tenía la seguridad de que corsarios ingleses acechaban en la costa y podían pertrechar a los indígenas, como lo hacían con los indígenas en Yucatán desde las honduras Britaánicas. Ellos empezaron a temer la posibilidad de un levantamiento indígena general, quizá al mismo tiempo que una invasión británica.
Por otro lado el entonces virrey Félix Berenguer de Marquina tenía que eliminar varias rebeliones y un intento francés por apoderarse de Texas, pero la rebelión no llegó a consolidarse y de pronto los rumores indicaban el regreso pacífico de los rebeldes a sus pueblos, pero la autoridad siguió con los procesos y el 19 de enero, el capitán Leonardo Pintado disperso un grupo de rebeldes armados, tomando 33 prisioneros a los que siguieron otros hasta tener unos 300 prisioneros.
En su mayoría fueron trasladados a la capital provincial en Guadalajara, otros se quedarón en Tepic donde varios murieron en la cárcel junto con algunos soldados virreinales, al parecer por una enfermedad de la costa, la cual incluso llego hasta Guadalajara.
Entre los muertos por la enfermedad se tuvo a Juan Hilario Rubio quién postmortem fue condenado a la confiscación de sus bienes, la demolición de su casa y su siembra, las cuales deberían ser regadas con sal; Otros líderes fueron condenados a seis años de trabajos públicos en el puerto de Veracruz. El resto en su mayoría fueron dejados en libertad ya que en el sistema legal de la colonia, los indígenas se consideraban como incapaces legales, por lo que no podían ser condenados y solo los provocadores principales podían ser condenados..
Bandera del Indio Mariano
Por los escritos de Lucas Alamán y Carlos María de Bustamante, y se sabe que los rebeldes usaban una bandera con los colores verde, blanco y rojo, como derivados de los colores mas característicos del atuendo de la imagen de la Virgen de Guadalupe, lo que no se conoce es como se componían, ni si tuvieron una influencia posterior en el diseño de la bandera mexicana.

De acuerdo a los archivos históricos, el ejército mal armado del Indio Mariano(Juan Hilario Rubio) fué recibido y desbandado por las tropas realistas en las lomas de El Rodeo, a las afueras de Tepic. "Máscar de Oro" logró escapar.
LA REBELIÓN DEL INDIO MARIANO
(Nayarit, 1801)
FELIPE CASTRO GUTIÉRREZ
Los hechos:
A pesar de su interés, poco es lo que se conoce acerca de la rebelión del indio Mariano, "el de la máscara de oro". Bustamante y Alamán la mencionaron, restándole importancia.
Algunos autores contemporáneos han efectuado breves comentarios;pero ha sido notable la ausencia de un trabajo detallado que reconstruya los acontecimientos y analice sus distintas y complejasimplicaciones.
El 3 de enero de 1801 el alcalde indio de Ahuacatlán entregó al subdelegado del lugar, Tomás de Escobedo, una carta circular convocando a una sublevación que había recibido del alcalde de república de Xala de Abajo. Su texto era el siguiente:
Noticia a todos los gobernadores o alcaldes de todos los pueblos de indios de este reino de Indias, que para la entrada en el pueblo de Tepic os esperará el día 5 de enero del mes primero de este año de uno a orillas de Tepic.
Pocos días después de Navidad habían llegado a casa de una india viuda de nombre María Paula de los Santos un anciano mulato mendigo nombrado Joseph Antonio "el Peregrino", acompañado de un niño de 9 años y otro indio a quien llamaba indistintamente Joseph María, Simón o Mariano.
El anciano expresó a María Paula que su compañero "era el tlaxcalteco dueño de las Indias, que andaba según se decía con mil disfraces visitando su tierra, solicitando la anuencia y socorro de todos los indios para recobrar sus tierras".
María Paula decidió llamar entonces a Rubio, a quien tenía por el más capaz y respetado indígena de la localidad.
Rubio declaró posteriormente que Mariano le habíaproporcionado todos los detalles de la organización del complot y en cuanto a su fundamento "sólo le dijo que era hijo del gobernador de Tlaxcala, ya difunto; y que en vida se había mantenido con cacles de oro y la grandeza correspondiente, y en ese tiempo había ido el tal Mariano a España y hablado con el rey nuestro señor, diciéndole que iba a que le pagasen la renta de sus tierras, su majestad dio seis pasos atrás dejándolo afuera; y con esto se retiró luego dicho Mariano y se vino huido para este reino", "y que el reverendo obispo había de ir al tiempo de su coronación".
Rubio no dudó ni de la personalidad de Mariano ni de la conveniencia de llevar adelante sus planes subversivos. Citó a Maldonado y Medina y los persuadió a colaborar en la organización de la conspiración, que fue sorprendentemente simple: escribieronseis cartas de convocatoria que entregaron a diferentes pueblos, sin firma y con la prevención de que fuesen pasadas una vez leídas a la comunidad más cercana. Los pueblos se reunirían el día 4 o 5 en el puesto de Lamedo, a legua y media de Tepic.
Hecho esto, al día siguiente Rubio y sus asociados reunirían unos músicos y unos niños danzantes "para hacer boruca", llevando a la gente que así congregaran a lo de Lamedo; asimismo conducirían con engaños a Lea y al padre guardián del convento de la Santa Cruz. La señal sería la colocación en la plaza principal de una bandera roja con la imagen de la virgen de Guadalupe (mandada hacer para este fin por Rubio), que sería el estandartede la rebelión.
La coronación se efectuaría con la corona de espinas
de la imagen de San José venerada en Tepic; se pondrían
todos de rodillas y obligarían al religioso a consagrar a Marianoen su nueva dignidad.
Rubio dio asimismo la filiación del candidato a monarca: "que su estatura es muy pequeña. como de edad de 30 años, barbicerrado, cortado el pelo con barcarrota, que usa calzón roto demanta y cobija"
Basándose en estas declaraciones, las autoridades encarcelaron a los alcaldes indios de Xalisco y San Andrés y enviaron órdenes de aprehensión contra los de Guainamota, Mecatán y Xalcocotán.
El 8 de enero Eliza se hallaba convencido del éxito de la represióny de que el riesgo había pasado. En esa fecha informó al virrey que se disponía a realizar sumarias para la averiguación de los principales culpados; tenía a los reos encerrados en la cárcel, el cuartel y el hospital viejo.
Sus esperanzas, sin embargo, resultaron vanas. Los rebeldes rechazados o capturados habían sido sólo la primera ola; y en la siguiente semana, las tropas a su mando sufrieron varios sobresaltos y percances. Grandes grupos de indios armados fueron avistados en diferentes lugares, marchando todos sobre Tepic. Un ranchero del paso del Guamúchil (jurisdicción de Senticpac) vio pasar frente a su casa el inusitado desfile de unos 100 indígenas formados de cuatro en fondo; uno de ellos, tocado con un morrión encarnado. los iba manteniendo en fila.
El 9 de enero este mismo disciplinado contingente puso en vergonzosa y apresurada fuga a una compañía de milicias, hiriendo a un sargento.
Otro piquete de milicianos tuvo que retirarse al encontrarse con más de 400 alzados.
El teniente de milicias de Acaponeta notificó el 13 de enero que se habían levantado 11 pueblos de su jurisdicción, que en total tenían unos 1300 tributarios; y que a pesar de las exhortaciones del cura párroco y subdelegado habían abandonado sus comunidades para encaminarse a Tepic. Un correo oficial fue interceptado y gravemente herido por unos 800 indígenas.
Los misioneros de San Pedro y Huajicori se refugiaron en las casas curales de Acaponeta, dando cuenta de que cinco pueblos de la sierra, habitados por nayaritas, se habían sumado a'la rebelión.'
Para agravar las cosas, corrían todo género de rumores, algunos más verosímiles que otros, pero todos alarmantes. Un grupos de indios había declarado, yendo en camino a Tepic, que eran tepehuanes y que provenían de Las Lajas, cerca de Durango.
Se aseguraba que en pocos días llegarían 5000 yaquis e incluso unos 6 o 7000 yumas desde el lejano río Colorado; y también se advertían movimientos entre los huicholes. Asimismo, dos coras aprehendidos habían dicho que vendrían todos sus pueblos y los contiguos a Colotlán "a coronar a su rey".' y aún más, comenzaron a surgir noticias de inspiración foránea de la conmoción. Se dijo que unos 400 indios de Huajicori, Quiviquinta, Caimán, Picachos y Sayulilla se dirigían a Tepic mandados por "un caballero". Otros "caballeros", acompañados de algunos indígenas flecheros, aparecieron en las afueras de esta población para preguntar si habían llegado o no 14 barcos ingleses
(en otra versión, los "caballeros" se convirtieron en tres
hombres, uno español, otro indio y el tercero mulato). Estas informaciones preocuparon grandemente a la Real Audiencia de México, dado el estado de guerra con Inglaterra y el reciente avistamiento en las costas de Colima de dos fragatas británicas como la "Warker" y la "Besti".'3 La actitud de muchos funcionarios era de una alarmada sobreexcitación, motivada por el temor de una invasión británica, de un levantamiento indígena generalizado o, aún peor, de una combinación de ambas calamidades.'
Abascal, que inicialmente había actuado con la misma alarma, se mostró progresivamente escéptico. El 16 de enero escribía a Marquina para comunicarle que eran infundados los rumores de la llegada de yaquis y yumas; que los pueblos de la sierra de Nayarit y Calotlán estaban quietos, según le avisaban sus subordinadas en esas zonas; y que el número de los rebeldes había sido abultado por el temor del comandante Eliza, puesto que el padfón de las cinco jurisdicciones conmovidas -y aun teniendo en cuenta que no todos los pueblos habían seguido laconvocatoriademostrabaque había en ellos solamente 2389 tributarios.
Abascal remitió repetidamente copias de las comunicaciones y cartas al virrey, quien a su vez las trasladó a los fiscales de la Real Audiencia capitalina para que dieran su parecer.
El fiscal de lo Criminal, Ambrosio de Sagarzurieta, expresó
que la lectura 'de los testimoníos "da sobrado margen a sospechar que aquí anda alguna mano oculta conmoviendo a los indios por espíritu de partido nacional y de odio a los europeos".
Le parecía que debían realizarse las diligencias más enérgicas para aprehender a Mariano e inquirir con sagacidad la participación e inspiración de algún sujeto de otra casta.
La opinión del fiscal de lo civil, Francisco de Borbón, era concorde con la anterior. En su visión, además, el levantamiento era parte de una vasta conmoción universal, de un épico enfrentamiento entre el orden y la anarquía.
En pleno arrebato de lirismo político, opinaba que el asunto era una infidencia delincuentísima, toda análoga al lastimoso general contagio de anarquía que hoy aflige al orbe, dimanado del concepto de una libertad quimérica e ilusa y de no querer sentir la autoridad de quien con la justicia de sus preceptos corrijo lo delincuente de las pasiones; que este principio exige en los medios para sofocar y cortar cualquier desorden sedicioso, todo rigor y severidad suma, pues además de que ellos sólo guardarán proporción con el delito, la Europa y el mundo lloran las consecuencias de no haberlos adoptado tenazmente allá en la cuna y origen de los males que en nuestros días han causado un cuasi absoluto trastorno de todo lo visible.
De disímil parecer era el fiscal de Real Hacienda, Alva. En
su dictamen el funcionario advertía que los insumisos no habían abjurado de la religión católica y que no había noticias de muertes ni robos. Traía a colación las leyes contenidas en la Recopilación.
Proponía, finalmente, que debía averiguarse si los insurrectos tenían alguna queja contra los subdelegados,
alcaldes o sujetos poderosos de la región.
En su escrito, señalaba que el envío de misioneros sería preferible a la remisión de tropas y cañones.
El virrey Marquina se inclinó por una política que en cierta
manera recogía ambas posiciones. En sus instrucciones a Abascal le recomendó medidas para ahogar la rebelión, procediendo a aislar los grupos insumisos, cortar sus comunicaciones-e impedir sobre todo su reunión en un solo contingente. Por otro lado le manifestó que debía guiarse por lo dispuesto en la Recopilación.
..y averiguar las quejas de los indígenas para su remedio.
Para facilitar el difícil cumplimiento de estos poco complimentarios fines, le cedió todas las facultades legales necesarias.
El virrey -siguiendo el parecer del Real Acuerdo- escribió
asimismo al obispo de Guadalajara comunicándole los sucesos y pidiéndole interpusiera sus oficios para que los curas párrocos y misioneros coadyuvaran a la pacificación de sus feligreses.
El prelado así lo hizo y, efectivamente, a mediados de enero salieron de Tepic cinco religiosos, aunque declarando a Eliza que su misión les parecía infructuosa si no podían ofrecer un indulto.
Ante estos informes, Abascal se decidió a proclamar un indulto general a los naturales que se reintegraran a sus pueblos en los ocho días siguientes a su proclaniación.22
Mientras tanto, la situación había experimentado una notable distensión en la tercera semana de enero. Los religiosos, coman consecuencia, la mayor parte de los reos fueron liberados, permaneciendo en prisión sólo los acusados centrales.
Asimismo, se realizaron exhaustivas averiguaciones para dar con el paradero del indio Mariano. El gobernador de Colotlán, comisionado al respecto, informó que los hijos del gobernador indígena del barrio de Tlaxcala no llevaban ese nombre y eran sujetos fieles; y su demás pesquisas no arrojaron indicio alguno.
Sin embargo, Mariano se resistía a desaparecer. Se decía que estaba oculto en el pueblo de Jalisco; que preparaba nueva irrupción en Tepic y aparecía con un nuevo atributo: Mariano '.el de la máscara de oro"
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No obstante, el movimiento no fue pura y exclusivamente
religioso; tiene aspectos nacionalistas que son precisamente los que le dan su aspecto agresivo y radical. Ya la adopción de un símbolo tan vinculado al creciente sentimiento nacional como la virgen de Guadalupe es de por sí significativa.
A Mariano, además, entre muchos títulos posibles se le adjudica precisamente el de "rey de Indias". Es, sin embargo, un nacionalismo por negación, cuya forma más clara es el rechazo, la animadversiónal peninsular.
Entre los naturales de Xalcocotán era común la creencia de que debían ir a Tepic "a recibir al rey tlaxcaltecoque iba a coronarse y había ido orden del rey de España para que los gachupines pasasen a España, y muchos no querían ir y que por lo mismo se oponían a la coronación del rey indio".
Otros indígenas fueron acusadosd e haber dicho que irían a Tepic"a ensuciarse en los españoles".
La sublevación de Nayarit fue, pues, un movimiento de un contenido fuertemente impregnado de concepciones religiosas sincréticas, que confusamente apuntaba a conquistar (aunque quizá "recobrar" sería más exacto) un nuevo mundo de justicia y dignidad para el indígena bajo la guía de un legendario e inexistente líder dotado de una legitimación sobrenatural.
Una conclusión provisional -aunque no demostrable en el presente estado de nuestros estudios- podría sugerir su carácter precursor de la revolución de 1810. Posee la envergadura y los objetivos de un movimiento de esta índole; carece de un proyecto más realizable y realista, que sólo una alianza con sectores como los criollos podía haberle proporcionado. Se trataría, entonces, de una manifestación temprana y prematura de la vertiente popular del gran movimiento que años más tarde encabezaría Hidalgo.
En resumen, parece evidente que la rebelión del indio Mariano, "el de la máscara de oro", merece más atención de la que hasta ahora se le ha prestado y presenta interrogantes cuya dilucidación mucho nos ayudaría a comprender el ambiente y las condiciones que generaron la revolución de independencia.
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