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La Conquista espiritual en Nayarit PDF Imprimir E-Mail
escrito por Hugo Rodriguez   
Friday, 15 de February de 2008

FUNDACION DE CONVENTOS FRANCISCANOS EN EL HOY ESTADO DE NAYARIT

La Cruz

Aportación del Profr. Miguel Angel Figueroa Valdez


POBLACION- PATRONO- AÑO
Xalisco San Juan Bautista 1540
Ahuacatlán San Juan Evangelista 1551
Sentispac Nuestra Señora de la Asunción 1569
Acaponeta Nuestra Señora de la Asunción 1580
Jala Nuestra Señora de la Asunción 1582
Huaynamota Nuestra Señora de la Candelaria 1601
Ixcuintla San Cristóbal 1603
Tuxpan Santa Catalina 1607
Chacala Apóstol Santiago 1608
Huajimic San José 1610
Amatlán de Jora San Juan Bautista 1620
Huajicori San Sebastián 1621
Tepic Santa CRuz de Zacate 1784

La información anterior nos da idea del empeño que para la colonización tuvieron las autoridades españolas, que desde luego fue a un alto costo de la vida, pues en muchas ocasiones ésta fue a sangre y fuego, para los habitantes de la región serrana o sea para coras y tepehuanes. Pero lo importante para la historia de Acaponeta, es el señalar al lugar como punto estratégico para el avance de la coloniza-ción, pues la construcción de convento y presidio era como poner un cerrojo definitivo sobre la provincia y asegurar la seguridad a lo largo del eje costero, a fin de emprender satisfactoriamente las tareas de evangelización y sedentarización. La lista de los diferentes objetos comprados para los indios de la región, así como las necesidades del nuevo convento, son altamente reveladoras. Después de la conquista militar llega por consiguiente la espiritualidad, que es una nueva versión de la Cruzada, es la evangelización.

En definitiva, no hacen en Acaponeta nada que no hayan hecho durante siglos en la península y lo que hacen sobre todo y ante todo es poblar. Desde 1532 los campamentos de emigrantes empiezan a llamarse ciudades, villas o pueblos y a estructurarse jurídicamente como municipios castellanos, con todo el boato y la gloria militar. Existen descripciones de esos primeros poblados españoles y mestizos de la Nueva Galicia con las que realmente se queda uno sorprendido. En estas descripciones de esas primeras poblaciones aparecen las descripciones arquitectónicas que son muy modestas, son pueblos pequeños, muchas veces construidos a base de madera con techos de zacate utilizando los materiales de construcción regional, y así encontramos la crónica que escribe de Acaponeta fray Alonso Ponce de Ciudad Real, que fue el escribano del Comisario General de Nueva España fray Antonio de Ciudad Rodrigo, que llegó a la villa de Acaponeta el lunes 23 de enero de 1587. Ese día estaba muy crecido el río porque había llovido tres días y se veía "muy poderoso y enojado", los indígenas que lo acompañaban le improvisaron una balsa hecha de calabazas y carrizos de manera que pudiera flotar y cruzarlo:


" . . . donde lo estaba aguardando el alcalde mayor de aquella comarca y muchos españoles, con los ­-cuales llegaron al pueblo y fueron bien recibidos por los indios e indias, que muy contentos y devotos. . . El convento de Acaponeta es una casita vieja y pequeña de aposentos bajos, hecha de adobes, con su iglesia, cubierto todo de paja; suelen morar allí dos frailes. . . El pueblo de Acaponeta es de mediana vecindad, situado en tierra calurosa. .. la lengua que hablan es la pínut o pinome, cuachicanuquia, guacnuquia, cuarinu-quia, iruzanuquia, narinuquia y neuxinuquia, pero la mexicana -náhuatl-- corre en todos ellos, ya que con ella se confiesan. . . . ." (3).


El cronista fray Antonio de Ciudad Real comenta con admiración y destreza algunos datos curiosos, como el cruce del río a nado por los acaponetenses y otras veces usan calabazas, "casi tan grandes como rodelas", a las cuales meten a sus hijos para cruzarlos o también meten maíz, ya que con una mano sujetan la calabaza y con la otra nadan, y así cruzan de una ribera a otra. Además, observó que el río era una fuente de alimentación por la abundancia de mojarras, bagres y robalos, así como el desarrollo de las pesquerías de camarón y ostras, que se comerciaban en el mercado de la ciudad de México y los minerales de Zacatecas. Asimismo, existía un regular comercio con la ciudad de México, de la cual se traía vino, telas y otra mercancías, en recuas de mulas se conducía cal blanca producto de las conchas, metal de plata de los minerales de San Francisco y San Matías, que en ese momento estaban de auge y explotación.

Por la importancia tanto comercial, religiosa, política y cultural, fue un centro poblacional atractivo y, por lo mismo, propicio para el saqueo por grupos serranos que ambicionaron su riqueza, por lo que motivó que el 23 de abril de 1617 sufriera el ataque del indígena Francisco Gogogito, que al enterarse del peligro el guardián del convento fray Francisco de Morga condujo a sus moradores al interior del presidio, y Gogogito al encontrar sin defensa al templo y convento lo saqueó y quemó a la escultura del Santo Cristo que se encontraba en su interior, "dando saltos haciendo mofa, burla y escarnio de él", acto que indignó al soldado Cristóbal de Lerma que le tiró con su arcabuz a una distancia de 200 metros y le dió muerte. Esta actitud del soldado y sobre todo la muerte, por la gran distancia, se tomó como un hecho milagroso, y por supuesto al ver el grupo de asaltantes a su capitán muerto huyeron a la sierra. (4)

También encontramos una breve descripción del Obispo de Nueva Galicia don Alonso de la Mota y Escobar, que escribe:

" . . . En Acaponeta hay ciento ochenta indios casados, doctrina de frailes franciscanos. Son de algún caudal estos indios por las muchas granjerías que tienen, - - - principal-mente la pesca, así de la mar como en esteros. Hay algunas salinas que benefician los indios, de sal blanca, de donde cogerán dos mil anegas cada año y de ella proveen muchas partes. . . . y su Majestad tiene a un capitán y ocho soldados de presidio que corren a la continua comarca y serranías de este pueblo, que en todas ellas hay indios bárbaros, no del todo asentados y pacíficos. . . " (5)

La información que nos proporciona Mota y Escobar es hacia el año de 1604, mismo que coincide con su desarrollo económico y político, como sede importante en la administración del norte del reino novogalaico y cuya jurisdicción se le había señalado desde el río San Pedro hasta el río de Las Cañas. Por esa razón el 27 de abril de 1632 se le ordenó al Alguacil Mayor del Presidio capitán Juan de Oliva, la supervisión de la terminación de la fragata que se había construido en el puerto de Matanchén con el nombre de "Madre Luisa de la Ascensión", de capacidad de sesenta toneladas y destinadas para la exploración de las Californias, ya que su tripulación haría un rastreo en las costas californianas con el fin de localizar los ricos bancos de perlas. La nave estaría al mando del capitán Francisco Ortega y ayudaría en la empresa el capitán Esteban Carbonel de Valenzuela. (6)

La empresa exploratoria a California fue todo un éxito y la región costera de la zona fue el paso obligado de los ricos bancos perlíferos que fueron conducidos a la capital del virreinato y a España.

A pesar de los éxitos comerciales de la zona también existieron algunas crisis económicas, como la sufrida después del ataque de Gogogito en 1617 y que se estaba padeciendo en 1619, según la versión del cronista tepiqueño Domingo Lázaro de Arregui, que nos informa de su situación:


" . . . Acaponeta tendrá 15 vecinos españoles con soldados y todo, y en este pueblo entraron los indios tepehuanos en el año de 1617 y quemaron la iglesia y la mitad del pueblo, y la gente y soldados se guarnecieron en un fuertecillo que estaba hecho … con ese alzamiento se despoblaron los pueblos de Quiviquinta y Las Milpillas... por los de esta provincia llevan sal, pescado y fruta a Guadiana y Sombrerete. . . ". (7)


Arregui nos comenta la situación difícil que estaban padeciendo los acaponetenses y su jurisdicción y que por las circunstancias mencio-nadas los pueblos de Quiviquinta y El Caimán estaban despoblados. Además, en toda la jurisdicción habían disminuido los tributarios, quienes llegaban a 324, pues desde el año de 1617 habían faltado cien de ellos.

La villa de Acaponeta no sólo fue atacada en el siglo XVII por los serranos tepehuanos, sino que desde la costa varias ocasiones sufrió también la destrucción. Esta última fue sembrada por piratas franceses procedentes de las Islas Marías quienes desembarcaron en las costas de Chametla, penetraron por El Rosario y de aquí se dirigieron a Aca-poneta atacando al presidio el 14 de noviembre de 1688; estos corsarios fueron perseguidos por mar por embarcaciones de Acapulco. (Cool .

En la segunda mitad del siglo XVII fue huésped de Acaponeta el distinguido tepiqueño fray Antonio Arias de Saavedra, que fue nombrado por real despacho el 16 de enero de 1657 ministro doctrinero del convento de la Asunción, cargo que desempeñó hasta el año de 1672. Durante los catorce años que permaneció en la villa demostró gran celo apostólico y recorrió toda la Sierra del Nayarit, el hoy muni-cipio del Nayar, y en sus correrías recogió datos históricos de ese lugar y sus habitantes, formando un interesante documento antropológico sobre las costumbres, ceremonias y mitos cosmogónicos del grupo étnico Cora, de la Sierra Madre Occidental, que elaboró en el convento franciscano de la Asunción de Acaponeta en 1672.

En la crónica de Arias de Saavedra encontramos referencia de los mitos acerca del Lucero Matutino, del Diluvio, la Creación del Mundo y la Mujer Maíz, así como de las numerosas divinidades que intervienen en el destino del cosmos y en su vida cotidiana.

Arias de Saavedra se esfuerza también por hacer coincidir las creencias indígenas con el génesis bíblico, apelando a una previa evangelización apostólica.

Además, Arias de Saavedra nos relata la versión del diluvio, en el cual encuentra elementos también cristianizados de este pasaje bíblico.

Los informantes indígenas Coras relataron al fraile tepicense el pasaje que lo impresionó de tal forma que deduce que estos gentiles pudieron haber recibido alguna predicación por algún apóstol en los primeros años de la cristianidad, como lo argumentaron muchos cronistas del siglo XVI al encontrarse símbolos o relatos con similitud cristiana. Sin embargó la razón podríamos hallarla en la previa evangelización de la Sierra de Nayarit, efectuada en el siglo XVI por los franciscanos, así como también en los indígenas evangelizadores que huyeron a lo más abrupto de la geografía escapando de las pesadas cargas de los encomenderos para continuar libremente con sus ritos y prácticas religiosas prehispánicas, o en la búsqueda de su libertad. Y todos ellos contribuyeron a modificar los relatos originales, para dar paso al sincretismo religioso y su nueva cosmogonía.

Sin embargo, esta región que perteneció a la labor de los religio-sos franciscanos de Acaponeta sigue tan atractiva como hace tres siglos y a ella acuden numerosos investigadores, tanto nacionales como extranjeros, de todas las disciplinas sociales, para continuar con los estudios sobre las prácticas religiosas sincréticas y mitos cosmogónicos que la conquista espiritual no pudo borrar totalmente y siguen como una fuente de conocimientos para todo investigador de hoy.

El documento que escribió fray Antonio Arias de Saavedra en el convento de la Asunción de Acaponeta se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla, junto con un calendario que el religioso copió y que es un raro documento para la historia local.

FUENTE: Eco de Nayarit

Modificado el ( Wednesday, 27 de February de 2008 )
 
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